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Pasos a seguir para cumplir tus propósitos en el 2016

1.- Escoge únicamente tres propósitos:

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Antes que nada debes tener un objetivo muy importante que quieras lograr, pase lo que pase.
Puedes establecer otros dos objetivos, sólo recuerda en decidir qué objetivo será  “El objetivo principal”.

¿Por qué estoy siendo tan restrictivo? Porque si tratas de hacer más de tres cosas a la vez, te vas a perder. Perderás el camino de lo que es más importante. Vas a empezar a descuidar una de tus metas, y luego te sentirás culpable por ello. Y después perderás confianza en ti mismo.

Así que elige un propósito principal y dos secundarios.

2.- Escribe tus propósitos y ponlos en alguna parte

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Piensa en una sola palabra que represente cada una de tus metas. Escribe la palabra en letras grandes y ponla en algún lugar de tu casa. Por ejemplo, si quieres perder peso, puedes hacer un cartel con la palabra “delgada”. Cuélgala en tu refrigerador, para que cada vez que comas recuerdes tu objetivo.

No te limites a escribir tus propósitos, díselos a tu familia y amigos. Imprime varias copias de tus objetivos y ponlos en tu oficina. Entre más recordatorios, mejor.

3.- Convierte cada propósito en un hábito

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Ahora que has elegido un objetivo, encuentra algo que puedas hacer todos los días para cumplir el propósito. Trabajar en tus metas cada día es muy, muy eficaz.

4.- Ocúpate en un hábito por mes

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Para lograr un objetivo importante, es probable que tengas que tener varios buenos hábitos. Por ejemplo, para ponerte en forma necesitas hacer ejercicio, reducir tu consumo de alcohol, comer más verduras, y así sucesivamente.

Si intentas tener varios buenos hábitos a la vez, probablemente vas a fracasar ya que es demasiado difícil concentrarse.

En lugar de eso, sugiero que te centres en un buen hábito por mes. Después de haberte acostumbrado al primero, puedes añadir el siguiente, y así sucesivamente. Por ejemplo, si quieres ahorrar más dinero este año, puede agregar hábitos como estos:

Enero: Anota tus gastos cada día

Febrero: Haz tu propia comida todos los días

Marzo: Vende un artículo usado de tu casa cada día en Internet

 

Fuente: IMUJER

La casa imperfecta, una lección inolvidable

Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera.

El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.

Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal.
“Esta es tu casa, querido amigo -dijo-. Es un regalo para ti”.

Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!

Construimos nuestras vidas de manera distraída, reaccionando cuando deberíamos actuar, y sin poner en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces de repente vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.

La conclusión es que debemos pensar como si estuviésemos construyendo nuestra casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construir con sabiduría es la única regla que podemos reforzar en nuestra existencia. Inclusive si la vivimos sólo por un día, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.

La vida es como un proyecto de hágalo-usted-mismo. Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del pasado. ¡Su vida de mañana será el resultado de sus actitudes y elecciones de hoy!

El árbol de los problemas, una historia que nos puede ayudar mucho. Excelente!

El carpintero que había contratado para que me ayudara a reparar una vieja granja acababa de finalizar su primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se había dañado, haciéndole perder una hora de trabajo, y su viejo camión se negaba a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio. Cuando llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol y tocó las puntas de las ramas con ambas manos.

Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso entusiasta a su esposa.

De regreso me acompañó hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes.

“Este es mi árbol de problemas -contestó-. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa, y en la mañana los recojo otra vez. Lo divertido, -dijo sonriendo- es que cuando salgo a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior”.

El coleccionista de insultos, una excelente enseñanza

Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible por sacarlo de casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.

Decepcionado por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
– ¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?

El viejo samurai repuso:
– Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?
– Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.
– Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Nadie nos agrede o nos hace sentir mal: somos los que decidimos cómo sentirnos. No culpemos a nadie por nuestros sentimientos: somos los únicos responsables de ellos. Eso es lo que se llama asertividad.

La paz perfecta, una eleccion realmente sabia

Cierto rey prometió un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos lo intentaron. El rey observó y admiró todas las obras, pero solamente hubo dos que en verdad le gustaron.

La primera mostraba un lago muy tranquilo, espejo perfecto donde se reflejaban las montañas circundantes. Sobre ellas se encontraba un cielo azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura estuvieron de acuerdo en que reflejaba la paz perfecta.

La segunda también tenía montañas, pero estas eran escabrosas. Sobre ellas había un cielo oscuro, del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua.

Esta imagen no se revelaba para nada pacífica. Pero cuando el rey analizó el cuadro más cuidadosamente, observó que tras la cascada, en una grieta, crecía un delicado arbusto. En él había un nido y allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, un pajarito.

¿Cuál cree usted que fue la pintura ganadora? El rey escogió la segunda. La paz -explicó- no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin dolor. Significa que, aun en medio de estas circunstancias, nuestro corazón puede permanecer en calma

La felicidad escondida, descubrela!

Un poco antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes, para hacer una travesura. Uno de ellos dijo:

– Debemos quitarles algo a los seres humanos, pero, ¿qué?

Después de mucho pensar, uno dijo:

– ¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad. El problema es dónde esconderla para que no puedan encontrarla.

Propuso el primero:

– Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.

– No, recuerda que tienen fuerza; alguno podría subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está -replicó otro.

Se escuchó una nueva propuesta:

– Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.

Otro señaló:

– No, no olvides que son curiosos, alguno podría construir un aparato para bajar, y entonces la encontrarán.

– Escondámosla en un planeta bien lejano de la Tierra -propuso otro.

– No -le dijeron. Recuerda que les dieron inteligencia, y un día alguno va a construir una nave para viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad.

El duende más veterano, que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas, dijo:

– Creo saber dónde ponerla para que nunca la encuentren.

Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono:

– ¿Dónde?

– La esconderemos dentro de ellos mismos; estarán tan ocupados buscándola afuera que nunca la encontrarán.

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la lleva consigo.

10 Cosas que me gustaría haber escuchado cuando tenía 20

Con los años lamentamos más nuestros errores pasados, y a veces nos nace el deseo de retroceder en el tiempo y hacer algo diferente. ¡Cuántas tonterías hicimos muchos de nosotros en la juventud! Hoy te presentamos un artículo donde el autor se pregunta: ¿Qué me hubiera aconsejado a mí mismo si pudiera comunicarme con mi veinteañero? Suponemos que estos consejos van a ser útiles para cualquier edad.

Hace poco cumplí 30 años. Y ahora, haciendo un resumen de los últimos diez, entendí que he cometido muchos errores y he hecho muchas tonterías. Aquí van algunos consejos que me hubiera dado yo mismo hace 20 años:

1. Viaja.

Por ahora no tienes tanta responsabilidad, así que viaja. Cuando cumplas 30, vas a querer viajar de otra manera: alojarte en un hotel lujoso, cenar en los mejores restaurantes. Así que ahorra el dinero y disfruta de los viajes poco costosos.

Viaja para aprender algo nuevo y conocer el mundo. Viaja a los destinos desconocidos que te retarán y te pondrán a pensar qué es lo que quieres ser en la vida.

2. Crea algo nuevo.

No gastes mucho tiempo trabajando para otras personas. Formula tu propio concepto del mundo (mira el punto 1) y piensa en dónde te hubiera gustado pasar tu vida.
Si encontraste tu lugar en una corporación y piensas algún día renunciar de ahí, hazlo ya. Vete. No gastes tu tiempo en vano, genera tus propias ideas y dedícales todas tus fuerzas.

3. Lee.

Lee cada día. Lee lo que puedas leer. No te limites leyendo lo que ya sabes. Lee sobre otras personas. Lee a las otras personas como si fueran un libro.

4. Deja de ver la tele.

Ahora mismo. La televisión no te hará una mejor persona.

5. Confía.

Inclusive si esto mata tus relaciones. Aun cuando se destruyan tus ideas. Incluso si pierdes a tus amigos.
Confía en las personas hasta que ellos te hagan dudar de ellos mismos. Pero no seas demasiado ingenuo, en algunos casos sí es mejor mandarlos lejos, desde luego.

6. Crea vínculos fuertes.

Las personas son lo mejor y lo peor que te puede pasar. Algunas te ayudarán a moverte adelante. Otras van a jalarte para abajo y solo van a quitarte cosas. La mayoría de ellas son bastante normales. Hay muchas buenas. Algunas son excelentes.
Y solo un par de personas pueden cambiar tu vida para siempre. Encuéntralas. No necesitas tener muchos amigos. Necesitas de seres humanos maravillosos que te ayudarán en el momento adecuado así como tú también podrás ayudarlos.

7. Aprecia tu tiempo.

No gastes el tiempo en las personas de las cuales desconfías. No gastes el tiempo en los individuos amados que te sean infieles. No gastes el tiempo en los amigos que no te tratan de la misma manera que los tratas tú.
Valora el tiempo de los demás. Algunos amigos te pueden decir que no pasa nada si llegaste tarde. Pero no es así. El hecho de que hayas llegado tarde quiere decir que no te importan en absoluto y que te estás poniendo por encima de ellos.

8. Aprende a perder.

La derrota en el amor, la comunicación, la amistad, la familia, el trabajo.
Cualquiera puede tener un fracaso, y es normal. Pero intenta aprender de cada lección. Si no aprendes de tus errores, habrás perdido absolutamente todo aquello que habías logrado hasta ese momento. Si aprendes de algunos errores quiere decir que estás creciendo. Y con cada lección aprendida entiendes cómo moverte hacia el éxito.

9. Aprende a ser exitoso.

No esperes lograr todas tus metas en tus 20 años, no todo pasa tan pronto. Pero trabaja en eso desde ahora, y todo te saldrá bien.

10. Sé paciente.

No hay nada peor que apresurarte a hacer algo. No hay nada peor que hacer algo de prisa. No hay un buen edificio que hayan construido apresuradamente, y nada verdaderamente único ha sido creado en un momento. Sé paciente.

Fuente: medium

La genial historia de la carreta vacía

Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer. Se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

– Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo?

Agucé mis oídos y algunos segundos después le respondí:

– Estoy escuchando el ruido de una carreta.

– Eso es -dijo mi padre-. Es una carreta vacía.

– ¿Cómo sabes que está vacía, si aún no la vemos? -le pregunté.

Y él respondió:

– Es muy fácil saber que una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y aún hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, a una persona inoportuna, que interrumpe la conversación de todo el mundo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.

La parábola del caballo

Un cuento que te ayudará a entender que lo que digan o hagan los demás no debe hundirte ni humillarte, sino todo lo contrario, utiliza lo que los demás hagan o digan de ti para salir adelante y levantarte.

Un campesino que enfrentaba muchas dificultades poseía algunos caballos que lo ayudaban en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los mejores caballos había caído en un viejo pozo abandonado. Era muy profundo, y resultaría extremadamente difícil sacarlo de allí.


El campesino fue rápidamente al lugar del accidente y evaluó la situación, dándose cuenta de que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el costo del rescate, concluyó que no valía la pena, y pidió al capataz que sacrificara al caballo tirando tierra al pozo hasta enterrarlo. Y así se hizo.
A medida que la tierra le caía encima, el animal la sacudía. Esta se acumuló poco a poco en el fondo del pozo, permitiéndole subir. Los hombres se dieron cuenta de que el caballo no se dejaba enterrar sino que, al contrario, estaba subiendo, hasta que finalmente consiguió salir del socavón.


Si estás “allá abajo”, sintiéndote poco valorado, y si los otros te lanzan la tierra de la incomprensión, del egoísmo o de la falta de apoyo, recuerda al caballo de esta historia. No aceptes la tierra que tiraron sobre ti, sacúdela y sube sobre ella. Cuanta más tierra te lancen, más podrás subir.